sábado, 7 de septiembre de 2013

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Las dos partes que integran esta novela desarrollan dos motivos: el viaje y el aprendizaje. A través del mismo se nos muestra una nueva versión de una realidad que se va descubriendo a medida que el personaje principal decide buscarse a sí mismo en la debacle y el fracaso de los demás. La mirada nada ingenua de un sujeto a punto de ser fragmentado por su propia ciudad evoca a los ciudadanos que viven y padecen la incuria de sus gobernantes. La Convención, se muestra como un puzzle plagado de problemáticas propias de culturas que han vivido relegadas desde siempre. Bajo esta peculiar mirada se retratan sombras frívolas, tenues espejismos carcomidos y consumidos por sus propias manías. Así, en un envolvente lenguaje, se viaja a través de la ficción y se recrea el panorama completo de esta ciudad dicotómica: fetiche de ombligo del mundo y espalda de la milenaria cultura Machiguenga.
Novela dialógica de principio a fin, El sendero de La Convención es, ante todo, un libro elaborado con la clara intencionalidad de poner en jaque al lector y contar esa otra realidad que no aparece a vista y paciencia de todos. (Eduardo Reyme Wendell)

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